1. Cada miembro de A.A. no es sino una pequeña parte de una gran totalidad. Es necesario que A.A. siga viviendo o, de lo contrario, la mayoría de nosotros seguramente mo- rirá. Por eso, nuestro bienestar común tiene prioridad. No obstante, el bienestar individual lo sigue muy de cerca.

2. Para el propósito de nuestro grupo sólo existe una autoridad fundamental—un Dios amoroso tal como se ex- prese en la conciencia de nuestro grupo.

3. Nuestra Comunidad debe incluir a todos los que su- fren del alcoholismo. Por eso, no podemos rechazar a na- die que quiera recuperarse. Ni debe el ser miembro de A.A. depender del dinero o de la conformidad. Cuando quiera que dos o tres alcohólicos se reúnan en interés de la sobrie- dad, podrán llamarse un grupo de A.A., con tal de que, como grupo, no tenga otra afi liación.

4. Con respecto a sus propios asuntos, todo grupo de A.A. debe ser responsable únicamente ante la autoridad de su propia conciencia. Sin embargo, cuando sus planes atañen al bienestar de los grupos vecinos, se debe consul- tar con los mismos. Ningún grupo, comité regional, o in- dividuo debe tomar ninguna acción que puede afectar de manera signifi cativa a la Comunidad en su totalidad sin discutirlo con los custodios de la Junta de Servicios Gene- rales. Referente a estos asuntos, nuestro bienestar común es de altísima importancia.

5. Cada grupo de A.A. debe ser una entidad espiritual con un solo objetivo primordial —el de llevar el mensaje al alcohólico que aún sufre.

6. Los problemas de dinero, propiedad, y autoridad nos pueden fácilmente desviar de nuestro principal objetivo es- piritual. Por lo tanto, somos de la opinión de que cualquier propiedad considerable de bienes de uso legítimo para A.A., debe incorporarse y dirigirse por separado, para así diferen- ciar lo material de lo espiritual. Un grupo de A.A., como tal, nunca debe montar un negocio. Las entidades de ayuda suplementaria, tales como los clubes y hospitales que supo- nen mucha propiedad o administración, deben incorporarse por separado de manera que, si es necesario, los grupos las puedan desechar con completa libertad. Por eso, estas enti- dades no deben utilizar el nombre de A.A. La responsabili- dad de dirigir estas entidades debe recaer únicamente sobre quienes las sostienen económicamente. En cuanto a los clu- bes, normalmente se prefi eren directores que sean miembros de A.A. Pero los hospitales, así como los centros de recu- peración, deben operar totalmente al margen de A.A.—y bajo supervisión médica. Aunque un grupo de A.A. puede cooperar con cualquiera, esta cooperación nunca debe con- vertirse en afi liación o respaldo, ya sea real o implícito Un grupo de A.A. no puede vincularse con nadie.

7. Los grupos de A.A. deben mantenerse completamen- te con las contribuciones voluntarias de sus miembros. Nos parece conveniente que cada grupo alcance esta meta lo antes posible; creemos que cualquier solicitud pública de fondos que emplee el nombre de A.A. es muy peligrosa, ya sea hecha por grupos, clubs, hospitales u otras agencias ajenas; que el aceptar grandes donaciones de cualquiera fuente, o contribuciones que supongan cualquier obliga- ción, no es prudente. Además nos causan mucha preocu- pación, aquellas tesorerías de A.A. que sigan acumulando dinero, además de una reserva prudente, sin tener para ello un determinado propósito de A.A. A menudo, la experiencia nos ha advertido que nada hay que tenga más poder para destruir nuestra herencia espiritual que las disputas vanas sobre la propiedad, el dinero, y la autoridad.

8. A.A. debe siempre mantenerse no profesional. Defi – nimos el profesionalismo como la ocupación de aconsejar a los alcohólicos a cambio de una recompensa económica. No obstante, podemos emplear a los alcohólicos en los ca- sos en que ocupen aquellos trabajos para cuyo desempeño tendríamos, de otra manera, que contratar a gente no al- cohólica. Estos servicios especiales pueden ser bien recom- pensados. Pero nunca se debe pagar por nuestro acostum- brado trabajo de Paso Doce.

9. Cada grupo debe tener un mínimo de organización. La dirección rotativa es la mejor. El grupo pequeño puede elegir su secretario, el grupo grande su comité rotativo, y los grupos de una extensa área metropolitana, su comité central o de intergrupo que a menudo emplea un secretario asalariado de plena dedicación. Los custodios de la Junta de Servicios Generales constituyen efectivamente nuestro Comité de Servicios Generales de A.A. Son los guardianes de nuestra Tradición A.A. y los depositarios de las contri- buciones voluntarias de A.A., a través de las cuales man- tenemos nuestra Ofi cina de Servicios Generales en Nueva York. Tienen la autoridad conferida por los grupos para hacerse cargo de nuestras relaciones públicas a nivel glo- bal—y aseguran la integridad de nuestra principal publica- ción, el A.A. Grapevine . Todos estos representantes deben guiarse por el espíritu de servicio, porque los verdaderos líderes en A.A. son solamente los fi eles y experimentados servidores de la Comunidad entera. Sus títulos no les con- fi eren ninguna autoridad real; no gobiernan. El respeto universal es la clave de su utilidad.

10. Ningún miembro o grupo debe nunca, de una ma- nera que pueda comprometer a A.A., manifestar ninguna opinión sobre cuestiones polémicas ajenas—especialmente aquellas que tienen que ver con la política, la reforma al- 187 LAS DOCE TRADICIONES–FORMA LARGA cohólica, o la religión. Los grupos de A.A. no se oponen a nadie. Con respecto a estos asuntos, no pueden expresar opinión alguna.

11. Nuestras relaciones con el público en general deben caracterizarse por el anonimato personal. Opinamos que A.A. debe evitar la propaganda sensacionalista. No se de- ben publicar, fi lmar o difundir nuestros nombres o foto- grafías, identifi cándonos como miembros de A.A. Nues- tras relaciones públicas deben guiarse por el principio de “atracción en vez de promoción.” Nunca tenemos necesi- dad de alabarnos a nosotros mismos. Nos parece mejor de- jar que nuestros amigos nos recomienden.

12. Finalmente, nosotros los Alcohólicos Anónimos creemos que el principio de anonimato tiene una inmen- sa signifi cación espiritual. Nos recuerda que debemos an- teponer los principios a las personalidades; que debemos practicar una verdadera humildad. Todo esto a fi n de que las bendiciones que conocemos no nos estropeen; y que vi- vamos en contemplación constante y agradecida de El que preside sobre todos nosotros.